China-América Latina: ¿Y después del boom?

01 October 2015

No importa cuánto duren, las lunas de miel siempre terminan. Entre los años 2002 y 2011, el espectacular crecimiento de la economía china generó una década dorada para la mayoría de países de América Latina,

producto de la elevada demanda de materias primas. Sin embargo, desde hace cuatro años la región viene atravesando una evidente desaceleración económica que obliga a buscar ya nuevas alternativas para sortear el mal tiempo. Crecer nunca será fácil, sobre todo en términos de desarrollo.
La particular situación que se vive hoy en el mercado mundial fue discutida ampliamente en la conferencia “Explorando nuevos caminos para el desarrollo: Experiencias de China y América Latina”, organizada por el think tank Iniciativa para el Diálogo Político de la Universidad de Columbia (EE. UU.) y la Escuela de Economía de la Universidad Renmin (China), el 28 y 29 de agosto en Beijing. La cita permitió sacar conclusiones sobre cómo debería aprovechar América Latina la “nueva normalidad” económica que vive China.
Wang Jianye, director general del Fondo de la Ruta de la Seda.

¿Quo vadis, América Latina?
Hoy en China, el término en boca de todos es aquel de la “nueva normalidad”, una serie de reformas estructurales que buscan transformar la economía china en una que dependa más del sector servicios, del consumo doméstico y de la innovación. Si bien la “antigua normalidad” tuvo un notable efecto en América Latina, el desafío es mucho mayor ahora que durante la “luna de miel” de las materias primas.
“Una lección de todo esto es que el éxito en una política de desarrollo no debe basarse solo en commodities, sino también en inversión extranjera en ambas direcciones”, mencionó durante la conferencia el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, quien señaló que para aumentar el entendimiento mutuo entre China y América Latina se deben discutir y formular nuevas reglas que signifiquen ventajas para ambas partes.
“América Latina es un mercado dinámico e indispensable para China”, aseguró Yu Hongjun, ex viceministro del Departamento Internacional del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh). En efecto, según cifras de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL), entre 2000 y 2013 el comercio de bienes con China se multiplicó por 22, pasando de poco más de 12.000 millones de dólares a casi 275.000 millones.
Sin embargo, las exportaciones latinoamericanas a China están concentradas en pocos productos, entre ellos la soya, los minerales de hierro y cobre y el petróleo, mientras que América Latina recibe de China esencialmente bienes manufacturados. Entonces, el gran tema es cómo lograr la ansiada diversificación productiva. “El crecimiento sostenible para un país viene de la industria de valor agregado, de la información y el conocimiento, de la educación de calidad”, sostuvo Humberto Campodónico, ex presidente de Petróleos de Perú (Petroperú) y otro de los expositores en la conferencia.
Humberto Campodónico, ex presidente de Petróleos de Perú (Petroperú).

Agroindustria, infraestructura, tecnología
Si ya tenemos un diagnóstico de la situación, lo siguiente es plantear alternativas. Una de ellas fue mencionada por Daniel Titelman, director de la División de Desarrollo Económico de la CEPAL, para quien la agroindustria podría ayudar a diversificar la relación económica entre América Latina y China. “La diversificación es difícil por el ciclo económico que vivimos. Si bien la diversificación depende de nuestros propios esfuerzos, también depende de la dinámica de la economía china, que seguirá siendo un importante jugador en la región”, dijo.
En ese sentido, Titelman enfatizó que el desafío de hoy es lograr que América Latina exporte más bienes de valor agregado y que China destine mayor inversión en la región. Chile, por ejemplo, acaba de enviar en agosto una delegación a Beijing, encabezada por su ex presidente Eduardo Frei, para esencialmente atraer mayor inversión china a su país, que ha visto descender notablemente el precio del cobre en el mercado internacional.
La conferencia reunió a cerca de 50 académicos extranjeros de países como Estados Unidos, Brasil, Argentina, México, Perú y Colombia, entre otros. Fotos de An Xinzhu
Por su parte, Long Guoqiang, subdirector e investigador del Centro de Investigaciones para el Desarrollo del Consejo de Estado de China, planteó que otro camino podría ser el sector de la infraestructura, y puso como ejemplo el proyecto del Tren Atlántico-Pacífico, impulsado por China y que atravesaría los países de Brasil y Perú. “La construcción de infraestructuras es una de las ventajas de China”, recalcó. Long propuso además que durante la “nueva normalidad” ambas partes den un mayor impulso al sector de las nuevas tecnologías, el cual podría contribuir a la modernización de ambos mercados emergentes.
Pero la “nueva normalidad” no se vive solo en China. José Antonio Ocampo, copresidente del think tank Iniciativa para el Diálogo de la Universidad de Columbia y ex ministro de Hacienda y Crédito Público de Colombia, puso énfasis en la también “nueva normalidad” en el mundo, que ha visto ya cómo el periodo de rápido crecimiento económico ha llegado a su fin.
Esta “nueva normalidad” en el mundo –según Ocampo– significará también nuevas dificultades financieras, “en particular la volatilidad de las cuentas de capitales, la incertidumbre en la política monetaria de los países desarrollados y los grandes desequilibrios en el mundo”. De hecho, el ex ministro colombiano sugirió realizar cambios estructurales tecnológicos que permitan la modernización del mercado latinoamericano, “una región que tiene mucho que aprender de China en cuanto a alcanzar una nueva etapa de desarrollo”.
Finalmente, el gran desafío para América Latina radica en esa palabra: desarrollo, que implica mucho más que altos índices de crecimiento y que debería estar enfocado en la industrialización, sin olvidar la preocupación por una adecuada legislación ambiental. En ese sentido, esfuerzos de entendimiento, como la Primera Reunión Ministerial del Foro China-CELAC, realizada en enero de este año en Beijing, son un buen marco para que América Latina establezca por fin sus prioridades a la hora de negociar con un socio tan estratégico como China. Las lunas de miel acaban, pero lo que sigue se supone que debería ser lo más importante.

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